La última gran etapa de montaña tiene aire de monumento. Croix de Fer, Télégraphe, Galibier, Sarenne y después Alpe d'Huez: el encadenado es colosal y llega en vísperas de París. Las diferencias pueden abrirse muy lejos de la meta, porque tras tres semanas cada valle, cada descenso y cada relevo pueden ser decisivos. Es la etapa en la que el Tour puede cambiar de manos, donde los escaladores más resistentes pueden ganarlo todo y donde los líderes frágiles no tendrán dónde esconderse.