La larga etapa entre Dole y Belfort instala progresivamente al Tour en una atmósfera más nerviosa antes de los Vosgos. Más de 200 km, un terreno ondulante y un final que puede volverse táctico: el menú es ideal para una escapada ambiciosa. El col des Croix ofrecerá un verdadero punto de apoyo a los corredores ofensivos, sin cerrar por completo la puerta a un reagrupamiento parcial. Los equipos de favoritos deberán mantenerse vigilantes, pues estas jornadas de transición a veces causan más daños de los anunciados.